¿Es la religión responsable de la opresión a la mujer en los países islámicos?

Ojos que no ven, corazón que no siente

Ojos que no ven, corazón que no siente

El caudal de noticias que documenta la opresión, la discriminación y la explotación de la mujer en países de mayoría islámica es indetenible. Hace algunas semanas, Sakineh Mohammadie Ashtiani, una mujer de cuarenta y dos años, fue condenada por adulterio por un tribunal iraní. La sentencia era de muerte por lapidación, usando piedras lo suficientemente grandes para ocasionar un dolor intenso, pero no tan grandes como para causar la muerte instantánea. El sufrimiento hay que disfrutarlo, parece especificar esa burocracia sádica y detallista. Quizás movido por el escándalo internacional que se armó, el tribunal eventualmente ha decidido ahorcarla. El abogado defensor de la señora Ashtiani huyó del país, y ella ahí está, esperando su ejecución en un calabozo. A la mujer occidental que se le ocurra apelar por clemencia, se le tilda de prostituta, como pasó con Carla Bruni, la esposa del presidente francés.    

El caso Ashtiani es apenas uno de los miles que conforman el torrente noticioso. Dos más: El año pasado, una saudí soltera de 23 años fue condenada a un año de prisión y 100 latigazos, también por adúltera (el sexo fuera del matrimonio se tipifica como adulterio, esté la mujer casada o no). Su crimen fue haber sido violada por un desconocido que le ofreció un aventón. Recordemos que en Arabia Saudita a las mujeres se les tiene prohibido conducir automóviles, así que, como se dice en Venezuela, o corren o se encaraman. En 2008 en Somalia, una niña de 13 años, que cual caperucita roja caminaba por el campo para visitar a su abuela, fue asaltada y violada por tres desconocidos. Desesperada y sangrante, ella corrió a una aldea, donde los líderes tribales, en lugar de ofrecerle ayuda, la acusaron de adulterio, y comenzaron un proceso que culminó con su lapidación en un estadio de Mogadishu ante la presencia de numerosos espectadores. En cada uno de estos casos la ley islámica (Sharia) obliga a los clérigos a procesar y penar estos casos de esta forma tan brutal.   

Mujer oprimida

¿Criminal o ama de casa?

El adulterio es apenas una de las funciones ejercidas por las sociedades musulmanas para oprimir a la mujer. Existe la mutilación genital, por ejemplo. En Egipto hace apenas tres décadas su incidencia era de 97.5% entre las familias de bajo nivel educativo y 66.2% en las restantes. También está permitida la poligamia masculina, el divorcio inmediato y sin obligaciones para el hombre y el abuso físico. A la mujer se le constriñe desde el momento en que alcanza la pubertad. Su vida está marcada por códigos estrictos de conducta, que van desde el vestido hasta el contacto social. La opresión patriarcal en el Islam está muy documentada, y busca a suprimir lo femenino de la esfera pública. A la mujer en el Islam entonces hay que extirparle su propia identidad y reducirla a un objeto para beneficio del hombre. La amenaza que significa la posibilidad de la mujer como individuo subjetivo la convierte entonces en una criminal en potencia.  

Aunque Gadafi lo niegue, la evidencia presentada nos puede hacer inferir que la religión islámica sería entonces responsable de la opresión a la mujer en las comunidades en la que la Sharia es la ley. Al fin y al cabo, cada uno de los abusos que se cometen, al menos según muchos clérigos, están prescritos en el Corán, el libro sagrado de la religión que es la palabra de Dios, o en los Hadith, que son los textos que documentan los hechos y palabras de Mahoma. Pero hay más evidencia, que a mí me indica otra cosa. 

Uno de mis primeros contactos con el Islam ocurrió en Londres cuando yo aún trabajaba en finanzas. Mi jefa de ese entonces y yo nos íbamos a reunir con tres altos ejecutivos de una empresa saudí. Ellos llegaron inmaculados, de thwab y a ghutra an iqal. Al vernos, los tres me estrecharon la mano de manera formal y amistosa, y a ella ni la saludaron ni le miraron a la cara durante las tres horas que duró la reunión. Lo que me sorprendió de estos tres ejecutivos es que lejos de sentirlos exóticos y distantes, me recordaron a los típicos hombres machistas latinoamericanos. En los años siguientes viajé en diferentes ocasiones por países de mayoría islámica y consumí cada vez más de su producción cultural. Poco a poco el prisma religioso a través del cual aprehendía mis experiencias se fue transformando en otra cosa. Cada libro que leía, cada viaje que realizaba, me enfrentaba ante a un espejo que reflejaba elementos primitivos de mi propia cultura. El Islam seguía siendo dominante, era el contexto indispensable de estas culturas que comenzaba a conocer. Sin embargo, en el fondo, lo material era el carácter patriarcal de estas sociedades. La religión lo que hace es interpretarlas, iluminarlas y rerforzarlas.

Quizás el punto de inflexión en mi percepción del tema ocurrió en Beirut, que por cierto me recordó mucho a Caracas, a Lima, y hasta a la Ciudad de México. Allí compré “La Sociedad Arabe y su Cultura”, un libro de ensayos de sociología escritos por intelectuales de diferentes países árabes bajo el patrocinio de la Universidad Americana de Beirut. La mayoría de los ensayos están escritos utilizando metodologías postmodernistas y generalmente desde un punto de vista de izquierda, y son impecables en lo que respecta a su investigación y documentación. Leyendo textos sobre las relaciones sociales en la clase alta Damasquina, sobre la juventud marginal en las barriadas del Cairo, y sobre las relaciones personales entres las mujeres que participan en matrimonios poligámicos (entre muchos otros interesantísimos temas), descubrí que uno de los vectores fundamentales en la función social de los países de mayoría islámica es el honor de la familia. Esta es una carga enorme que en su mayor parte la lleva la mujer.

La opresión entonces es imprescindible para el mantenimiento del buen nombre, y para asegurarlo, se recurre a medidas extremas, como el asesinato de jóvenes rebeldes por parte de sus padres, y el aislamiento social de la mujer. Esto yo lo he visto en América Latina (y según me cuentan era la norma – aunque nunca tan brutal – hasta hace sólo algunas décadas). La diferencia parece ser que los estados latinoamericanos son nominalmente liberales y abiertos a la transculturización, y le prestan a la mujer una vía de escape de la tradición patriárquica. En la mayoría de países islámicos, en cambio, los estados son (al menos en lo que respecta al derecho civil) teocracias en las que la ley es es Islam, y ésto lo que hace es reforzar y legitimar la estructura patriarcal en una nueva forma de modernidad.

¿Las mujeres son oprimidas en países islámicos por la religión o se utiliza a la religión para mantener la patriarquía tradicional de estas sociedades? Yo tiendo a creer en la segunda hipótesis. Una reciente lectura sobre mitos africanos apunta en esa dirección. Justamente en Africa es donde la mutilación genital femenina está más extendida. Se relaciona mucho esta práctica abominable con la religión musulmana. Pero vale la pena investigar más. El pueblo Dogon de Mali, por ejemplo, tiene una mitología riquísima que precede a la llegada de la religión islámica. Su mito de creación más importante cuenta que Amma (Dios) quería tener relaciones sexuales con su consorte (la Tierra), pero ésta tenía un clítoris enorme que se levantaba en su contra en un ademán de rebeldía. Amma entonces le cortó el clítoris para poder poseerla. La vegetación, los animales y los espíritus que pueblan el mundo fueron engendrados por las relaciones sexuales entre Amma y su consorte, lo cual no habría sido posible sin el bautismo consistente en la mutilación genital. Los Dogon, hasta el día de hoy, le extirpan el clítoris a sus niñas.

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5 respuestas a ¿Es la religión responsable de la opresión a la mujer en los países islámicos?

  1. Nayar Rivera dijo:

    Un texto excelente, que expresa un punto de vista personal muy claro respecto a la diferencia entre la religión islámica y la cultura patriarcal como instigadora de la violencia y la opresión contra la mujer.

  2. Anónima dijo:

    [Sogol] Esto yo lo he visto en América Latina (y según me cuentan era la norma – aunque nunca tan brutal – en esas sociedades hasta sólo hace algunas décadas). La diferencia parece ser que los estados latinoamericanos son nominalmente liberales y abiertos a la transculturización, y le prestan a la mujer una vía de escape de la tradición patriárquica.

    [Anónima] Y en España, mi país, hasta que llegó la democracia tras el franquismo. Mi madre y mi abuel lo han vivido de primera mano.

    Pero la diferencia no es que esos estados sean “nominalmente liberales” ahora y los estados islámicos no. La diferencia es que tanto en España como en latinoamericana la iglesia católica ha sido separada (quizá no totalmente, pero separada) del estado. Mientras España fue una dictadura nacionalcatólica y el catolicismo fue su religión de estado, se daba una opresión _ legal_ además de social de la mujer no tan dura como la de muchos países islámicos actuales, pero si muy real.

    Así que en mi opinión, la respuesta es que las mujeres son oprimidas en los países islámicos hoy en día por la religión de la misma manera que fueron oprimidas en el pasado por la religión en los países católicos que hoy han alcanzado un mayor grado de laicismo.

    • Estoy totalmente de acuerdo contigo. A fin de cuentas el humanismo y las ideas liberales se extendieron por Europa en los siglos XVIII y XIX, y sólo era cuestión de tiempo para que las mujeres, con su nueva consciencia de identidad propia, lucharan por sus libertades. Hay algo en es Islam que poarece hacer a las sociedades más herméticas e impermeables a esas ideas, porque ni en Turquía. Ve al interior de Anatolia y es como si estuvieras en Yemen.

  3. Librería islámica dijo:

    Cuando existe una sincera intención de comprender el mundo actual y las fuerzas que le están dando forma a la dinámica social global, entonces uno sabe que es mejor aprender el islam no de la boca ni de las acciones de los musulmanes y mucho menos de los no musulmanes. En cambio, como en cualquier otro caso, uno debe recurrir a las fuentes primarias que son el Corán y la sunnah. Y por supuesto asegurarse que la traducción que se lea del Corán sea una genuina y autorizada por religiosos reconocidos. Lo mismo aplica con la lectura de la biografía del profeta que debe ser escrita por musulmanes y basada y en fuentes islámicas. De lo contrario es díficil hacer juicios acertados pues las traducciones abundan y muchas de ellas ni siquiera han sido escritas por musulmanes. Sería como juzgar a los mexicanos por lo que los turistas dicen de ellos. Lo mejor es siempre ir y conocer la realidad de primera mano.

    Si el islam justificara la opresión a la mujer simplemente no habría tantas mujeres latinas que se están volviendo musulmanas. Si fuera un credo tan retrogrado, no habría tantos franceses, ingleses y alemanes abrazando el islam. Y obviamente que estas conversiones se han dado luego de que las personas han visitado a las mezquitas y han superado los estereotipos que existen en contra del islam y los musulmanes. Una vez que el individuo va más allá de lo que las fuentes no musulmanas cuentan y se topa con el verdadero islam, es cuando comienza la jornada espiritual fundada en la verdad.

    La opresión de la mujer y también la del hombre, que se ve en los países de mayoría musulmana, no es otra cosa sino el producto de ya siglos de intromisión misionera occidental, décadas de explotación y colonialismo…y aún peor: ha sido la consecuencia del abandono de las enseñanzas del islam, la destrucción del califato, la “secularización” y la “modernización” del estilo de vida.

    Saludos

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