¿Existe la Burguesía Fascista?

NO. A pesar de lo que diga Hugo Chávez, de lo que lo que asuman ciertos partidos políticos, o de lo que escriban algunos comentaristas de izquierda, el espectro de la Burguesía Fascista es una quimera, una contradicción absoluta que lo único que hace es generar dudas sobre la capacidad intelectual de quienes invocan semejante barbaridad. Por definición, el burgués que se hace facha deja la burguesía, y el peor enemigo que puede tener un fascista es un burgués.

Me explico (muy somera y superficialmente). Ya en el siglo XVIII, el sistema monárquico imperante en Europa daba muestras de desgaste. La incapacidad de las coronas del continente de solventar las penurias de sus pueblos se conjugó con ideas filosóficas y experiencias históricas para desarrollar un nuevo sistema político que fue el Liberalismo, cuya clase dominante estaba constituida por los burgueses, y cuyo objetivo era garantizar las libertades individuales. Los Estados Unidos de América se formaron bajo la bandera de esta nueva ideología. Bajo esa misma bandera se desató la revolución francesa, que comenzó traicionándose a sí misma y terminó con la derrota irrevocable del ejército napeolónico. Las monarquías tuvieron cien años más de vida en un siglo XIX bastante pacífico pero muy turbulento. La revolución industrial, la urbanización acelerada, y el creciente intercambio social y comercial fueron sólo algunos de los factores que despertaron a las masas europeas ante la ineficacia y la injusticia del sistema monárquico. Algunos pueblos (notablemente el alemán), enarbolaron la bandera del Liberalismo para crear nuevos estados y fracasaron. Ya era demasiado tarde para evitar conflictos mayores. Dos ideologías nuevas y en oposición, el Socialismo y el Fascismo, se desarrollaban y comenzaban a captar los corazones de los hombres.

Antecedido por algunos movimientos obreros y utópico-intelectuales de finales del siglo XVIII, el Socialismo nació adulto e intelectualizado de las plumas de Marx y Engels. La clase dominante de este sistema es la trabajadora, es decir, el proletariado, y anhela la mejora de las condiciones de vida de esa clase mediante la enajenación de los bienes de producción y el ordenamiento científico de la sociedad y de la economía. Ya tendremos otra oportunidad para discutir los errores fundamentales del Socialismo, y cómo esos errores lo condenaron al fracaso absoluto en todos los estados que se crearon bajo su bandera.

A diferencia del Socialismo, el Fascismo fue una ideología que se vino desarrollando poco a poco. Se gestó con el despertar nacionalista de pueblos que vivían desperdigados en estados diferentes (como Alemania), y de pueblos heterogéneos que vivían bajo el yugo de monarquías multinacionales (como Austria). A medida de que los pueblos europeos fueron coalesciendo en naciones homogéneas, el anhelo fascista se tradujo en un sistema totalizante y desclasado, cuyo liderazgo sería formado por una coalición sólida de los mejores elementos de la nación, y cuyo objetivo sería mejorar las condiciones de vida de ésta como un todo homogéneo y armonioso (craso error fue no preguntarse cómo convivirían múltiples estados fascistas en equilibrio y en paz).

El siglo XX le proporcionó a la historia un escenario terrible para enfrentar entre sí a las tres nuevas ideologías y proporcionar un desenlace definitivo. La primera guerra mundial arrasó con el sistema monárquico. La segunda derrotó al Fascismo. La guerra fría terminó con el fin del Socialismo y consolidó la hegemonía del Liberalismo. Francis Fukuyama llamó a esto el fin de la historia, y si lo vemos así, no estaba tan equivocado.

Pero volvamos al tema que nos concierne. Los burgueses liberales anhelan la libertad individual a ultranza. El bienestar general, la armonía social y la paz son consideraciones secundarias y supeditadas a la libertad de acción del individuo. Esto es porque el Liberalismo asume que las diferencias entre las personas son demasiado grandes, y cada quien por su cuenta que busque la felicidad a su manera y sin las menores trabas posibles. El estado Liberal entonces se centra en el objetivo de proteger al individuo de la masa. El Fascismo por el contrario asume que los individuos de una nación aspiran a lo mismo y consiguen su felicidad bajo criterios comunes. El estado Fascista entonces se convierte en una proyección burocrática del espíritu nacional. Se arroga para sí todas las funciones sociales, y si bien permite la propiedad privada, lo hace porque él controla las intenciones del capital, y cuando no, lo somete y lo expropia. En su afán homogeneizante, el estado Fascista se ve obligado a peinar al pueblo para que todos se orienten a lo mismo, le hace un cortocircuito para lograr una identificación plena entre nación y estado. La utopía fascista se convierte en una pesadilla totalitaria que en función de una limpieza nacional, al individuo que no se acopla se le coaxiona, se le encarcela y se le asesina. Nada más lejos de las aspiraciones de un burgués que sólo quiere su beneficio propio y hacer lo que se le venga en gana.

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3 respuestas a ¿Existe la Burguesía Fascista?

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  2. Francisco dijo:

    Realmente muy interesante! anteriormente estudiaba relaciones internacionales, pero más tarde abandone la carrera! esto me da ganas de volver a ella!

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